martes, septiembre 10, 2013

POLVO


Pienso en las cenizas. Tengo un jarrón plateado en la mano. Estoy en un balcón frente al mar. Y las lanzo. Ellas brotan sin pausa, aprovechando el empujón del viento, queriendo alcanzar el mar. Al llegar a la orilla lo impacientan, lo impetúan, lo provocan. Y el mar se enfurece. Su furia engrisece el cielo y arrasa con ciudades, campos y montañas.  


Pienso en el desierto. En su sonido, su viento, tormentas y remolinos atravesando la arena, que es como la materia del tiempo. En lo trizadas que son sus noches. Lo cálido que son sus días. Lo seco que son sus rostros. Lo mucho que son sus silencios. Lo eternas que son sus estrellas. Lo inmensas que son sus preguntas. Lo mudas que son sus respuestas. Lo escaso que es su apuro. Y lo lejos que queda del mar. 

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